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¿90 años de qué?

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Necesitar de capital extranjero en incluir a la clase media es para García el supuesto pecado original que generó el desdén de la izquierda hacia el APRA. Reconocer el New Deal y una política del perdón a la oligarquía (con el fin de reconstituir la libertad democratica) sería lo que la izquierda no habría entendido. Esta historia de ciencia ficción, en muchas páginas más (con algunas especulaciones y ucronías), es la síntesis del balance histórico del APRA hecho por García en 90 años de aprismo. Hay, hermanos, muchísimo que hacer (Lima: Titanium 2013, un tiraje de 15 mil ejemplares), en términos de sus vaivenes, ambigüedades y virajes ideológicos.

Los errores del APRA sería en primer lugar el “ideologismo” (no ver la evolución de Haya y asumir sus tesis juveniles de manera  acrítica). Otro error sería el sectarismo, la tesis metafísica según la cual el aprismo se transmite biológicamente de padres a hijos, como algunas terribles enfermedades. Sin embargo, lo que sí se mantendría como el núcleo esencial del aprismo, al margen de los espacio-tiempo históricos, serían “la democracia social”, “el Estado antiimperialista” y “la integración”. Lo que debe tenerse en cuenta es que en la práctica estas expresiones de Haya son depuradas de cualquier significación sustantiva para devenir significantes vacíos, ejemplificando a la perfección la manera como operan los discursos populistas según Laclau. De ahí que se afirme que, en la práctica, el segundo gobierno de García habría cumplido lo esencial del aprismo, siendo más aprista que el primer gobierno de García.

García cree que estamos en un momento constituyente donde se encontrarían los elementos básicos para arribar al ideal: la “democracia social” (la utopía del “pan con libertad”). La historia del aprismo es larga, pero su líder confía en que el aprismo ya ha devenido patrimonio del país. Avala el viraje oligárquico del partido como “revolucionario” y defiende la tesis de que el APRA debe devenir hoy el partido de las micro y pequeñas empresas urbanas, es decir, que sea la organización política de los emprendedores (esto en concreto suena como competir con Acuña para recuperar el ex-sólido norte y disputar el electorado joven y “emprendedor”).

Los vaivenes ideológicos son justificados por García bajo la idea de que el aprismo es un marco conceptual “abierto” y no un catecismo de verdades acabadas. Sin embargo, y sin que quede claro, piensa que ello no debe equipararse con oportunismo. Lo que tendría el aprismo sería enseñanza y mandato sería la máxima política de “saber tratar” con el capitalismo y la idea de formar un “frente único” pluriclasista (que luego devino en partidos de masas y no de clase y que se espera que hoy devenga “partido de emprendedores”). García tiene sintomáticamente como ejemplo paradigmático de un gobierno aprista a China (país que como sabemos es capitalismo sin democracia). Su delirio lo lleva a decir cosas como las siguientes:

China comprueba, a pesar de una población que es 45 veces superior a la del Perú, lo correcto de una política realista de aprovechamiento de las fuerzas del mercado mundial, un antiimperialismo constructivo, la alianza de todos los sectores capaces de promover las fuerzas productivas en un frente único, y la integración económica con otros países respetando su soberanía. China es así la mayor y mejor confirmación de las grandes tesis enunciadas por Haya de la Torre, en 1924 y a lo largo de su vida (García 2013: 39).

Y más adelante:

Además, China ha superado ya la dictadura absoluta y genocida del maoísmo y su actual situación en materia de libertades  es un gran paso adelante en relación a aquella. Los demócratas críticos deben tener en cuenta ese proceso, que sigue ritmos tan largos como todos los de la historia y el espacio-tiempo chinos (García 2013: 42).

En pocas palabras, García es un converso (ingenuo o cínico, usted decide) de la teoría de la modernización más burda (apelando también a ciertos elementos culturalistas). El desarrollo del capitalismo generará pluripartidismo y elecciones. García sostiene que no se puede criticar el unipartidismo chino o su corrupción porque las democracias bipartidistas son como si un partido con dos tendencias gobernase y porque también hay gran corrupción en las democracias. Parece que García sigue siendo marxista porque las libertades formales de la democracia liberal no parecen contar de ninguna manera para defender a este tipo de régimen de los autoritarismos, por más exitoso que sea su crecimiento económico.

A pesar de ello, García no deja de contradecirse unas páginas más adelante:

Todo desarrollo social material debe lograrse dentro de la democracia política, afirmando el derecho a la libertad de expresión, con la participación libre de la población en la elección de sus gobiernos y en la constitución de sus partidos, sindicatos y organizaciones. Sin ese objetivo, pronto surge la dictadura abierta o su nueva forma encubierta que manipula los recursos del Estado para la continuidad reeleccionista (García 2013: 67).

Tres páginas más adelante, García cae en la misma contradicción o ambivalencia…

China nos ofrece ahora un importante avance: su estabilidad política y su conducción responsable, colegiada e impersonal. El aprismo latinoamericano no plantea la hegemonía de un solo partido ni falta de libertad, ni comparte el modelo de las reelecciones criollas, pero rechaza el análisis simplificado del caso chino y destaca su inigualado desarrollo social (García 2013: 70).

La apología de China llega al punto de ser la ejemplificación de lo que debería ser la reconceptualización del quinto punto del programa máximo:

Además, otro de los grandes objetivos del aprismo, el quinto punto de su Programa Máximo, es la “Solidaridad” con los pueblos y las clases que luchan por su libertad”, y China merece un lugar notable entre estos, pues ha bregado con éxito por liberarse de la miseria, el desempleo y el atraso campesino (García 2013: 112).

Ese pragmatismo con el capital es “confundido” ilegítimamente por García con concertación, obviando el hecho de que se trata de una modernización autoritaria:

Es muy importante reconocer el doble carácter de ambas corrientes para concertar acciones pragmáticas. Como lo señaló Deng Xiao Ping con inteligencia, cuando se buscan resultados sociales lo importante es alcanzar logros concretos: “No importa de qué color sea el gato. Lo importante es que cace ratones”. Ese debe ser el trabajo del aprismo: concertar. Ya lo había señalado Haya al definir el universo lingüístico del Congreso Económico Nacional (García 2013: 116).

Entonces parece ser que de jure las libertades democráticas importan, pero de facto lo relevante es medir el grado de crecimiento y modernización capitalista, al margen de si se trata de un régimen autoritario. Seguramente García podría anhelar que las grandes inversiones no tuviesen que requerir de consulta o respeto a derechos y libertades (cfr., el problema de la modernización).

En segundo lugar, García afirma que su segundo gobierno fue más aprista que el primero (aunque usted no lo crea). El desastroso primer gobierno se habría debido a rezagos velasquistas y no a las ideas de Haya, aunque antes se haya propuesto estas no que no son un catecismo (sin embargo, nunca un aprista diría que Haya está equivocado en algo. Hasta los mariateguistas son más moderados). El Estado no debe ser propietario de empresa. Para García, debe ser un regulador. Lo que sí debe garantizar es el orden y la seguridad frente a la delincuencia y el terrorismo. Su manera de redefinir la soberanía que reclamaba el aprismo es haciendo que el Perú le venda a más países. De esa forma no sería tan dependiente de pocos países y eso afirmaría la autonomía política nacional. ¿En serio? Los apristas-alanistas deben estar felices porque, de acuerdo a esto, venimos teniendo gobiernos apristas desde 1990.


Secularización, política y religión

Gonzalo Gamio ha escrito un post titulado El Estado laico ‘examinado'” donde desarrolla críticas a las últimas declaraciones de Cipriani sobre el asunto de García (y el gobierno) con el Señor de los Milagros. Dado que el tema de la secularización me interesa bastante (y la relación que pueda tener  o no el Estado con la religión), he hecho un par de comentarios ahí. Invito a la discusión de dicha problemática en el link anterior.


El paso del Estado oligárquico al Estado neoliberal (4): Belaunde, García y el surgimiento de Sendero Luminoso

[Continuación de lo visto en los post anteriores (1), (2) y (3)]

20080612klphishpe_17_Ies_SCOBelaunde recogió los ánimos dictatoriales y ganó las elecciones de abril de 1980. Se busco inicar, así, un período para consolidar la democracia. Sin embargo, el terrorismo, la crisis económica y la dedua externa, hicieron muy difícil dicha tarea. No se pudo sobrelevvar, de manera exitosa, la fuerte tensión entre las presiones externas de la deuda y las presiones internas por la redistribución. A esto debemos sumar, además, los desastres naturales que se dieron en 1983 por el fenómeno del Niño.

Belaunde, en su segundo gobierno, se dedicó a desmontar las reformas realizadas por Velasco. Empezaron ciertas pruvatizaciones y políticas de modernización para establecer una economía propiamente de mercado, buscando abandonar el estatismo orgánico y el corporativismo. Pero el proteccionismo norteamericano hizo imposible la competencia. De esta manera las clases populares fueron fuertemente afectadas por este impasse de la modernización. El resultado, a largo plazo, será una fuerte y significativa informalidad en crecimiento. El cambio en la concepción de la ciudadnía y de la autoridad empezó a darse. López al respecto afirma:

“La significativa parcelación privada de las cooperativas y de otras formas asociativas en el campo, el desmoronamiento de la organización vecinal en las ciudades y la desactivación de las comunidades industriales en las fábricas dieron origen al establecimiento de relaciones individualistas de autoridad. De ese modo, el ciudadano comunitarista comenzó a ser desplazado por el ciudadano liberal” (281)

Este intento de “tibio liberalismo”, como lo llama López, tendrá como resultado el regreso al populismo, con el triunfo de Alan García en las elecciones de 1985.

20080612klphishpe_20_Ies_SCOAlan García se dedicó la las cuestiones internas y para ello dejó de lado el pago de la deuda externa. De esta manera se dedicó a emprender fuertes gastos públicos. El resultado fue una terrible hiperinflación que acabó con la economía privada de nuestro país. Formó una coalición de clases medias y empresarios (“los Doce Apóstoles”) con los que decidió fijar únicamente el 10% para el pago de la deuda externa. Se buscó desarrollar una política de inclusión. Lamentablemente, ésta tuvo que fracasar, ya que por la inminente crisis que esto traería, y que estalló en 1988, aunque ya se veía el debacle político desde antes:

“la coalición populista estalló con la estatización de la banca en julio de 1987: los empresarios se distanciaron violentamente de Alan García y las clases medias se replegaron de forma gradual” (281)

Además, justamente por el contexto de crisis, el Estado dejó de garantizar, muchísimo más, la seguridad en muchas zonas del país. Un gran número de áreas rurales fueron declaradas como zonas de emergencia. Pero a pesar de todo, según Alvarez Rodrich, el Estado seguía siendo una fuerza económica fundamental en el país:

“Hacia fines de la década del 80, el Estado seguía siendo´, pese a la crisis económica y fiscal, el empresario más importante del país, pues tenía en sus manos 186 empresas estatales -135 no financieras y el resto financieras-, cuyas actividades generaban alrededor del 20% del PBI” (283)

López añade un poco más abajo:

“En 1985, los cinco grupos empresariales más importantes del país eran de propiedad del Estado así como 7 de los 10 más importantes” (283)

Las sucesivas crisis políticas, sociales y economicas reconfiguraron de tal manera el escenario político, que los partidos empezaron a dejar de tener el rol esencial que habían tenido en las últimas décadas. La político devino, aún más, personalista:

“El fracaso del gobierno aprista en el enfrentamiento de la crisis económica -sobre todo en el control de la inflación- y de la violencia terrorista, así como la caída del muro de Berlin y la crisis  y división de la izquierda, hundieron a los partidos que hasta entonces se mantenían en pie. La primera señal de esa debacle fue la elección de Ricardo Belmont como alcalde de Lima en noviembre de 1989. La elección de Fujimori en 1990 y las elecciones posteriores han consolidado el éxito de los independientes y el hundimiento de los partidos políticos, alimentando el desprestigio de la política” (282)

mario_vargas_llosa_1985La crisis de los partidos se verá, también, cuando AP y el PPC vayan decayendo, solamente para resurgir después en el FREDEMO, pero por la importancia del independiente Vargas LLosa, más que por la que ellos mismos, en cuanto partidos, podrían aportar en un sentido significativo. El triunfo de Fujimori en segunda vuelta consolidará, en la cultura política peruana, la preeminencia de los independientes por sobre la de los partidos políticos.

Sobre la sociedad civil, en este proceso de transformación entre el fin de una década y el inicio de otra, Balbi dice al respecto:

“La crisis institucional llegí también a la sociedad civil, pero la suerte de sus organizaciones ha sido diversa. Mientras la Iglesia, los medios de comunicación de masas. especialmente la radio y la televisión y, en menor medida, las instituciones culturales (algunas universidades y ONGs) se han fortalecido o han mantenido su vigencia asumiendo una orientación conservadora, las organizaciones gremiales, particularmente las populares, regionales y poblacionales se han debilitado seriamente. El clasismo ha desaparecido y el sindicalismo en general se ha visto mermado en sus filas y se ha vuelto pragmático” (284-285).

Grompone, por su parte, afirma:

“El rasgo distintivo de la sociedad civil en esta década fue su descentramiento y la fragmentación sin llegar a la desestructuración ni a la sociedad de masas” (282).

Blondet, al respecto:

“El debilitamiento de las organizaciones sindicales y territoriales ha sido parcialmente compensada por la presencia en el escenario social de los comedores y comités femeninos del vaso de leche y las rondas campesinas de autodefensa, todas ellas reivindicadoras del derecho a la sobrevivencia en un contexto de aguda crisis económica y política” (285).

Con el debilitamiento de las instituciones del Estado, por un lado, tenemos el fuerte crecimiento de las fuerzas abimael_guzmansubversivas, encabezadas por Sendero Luminoso, por el otro. López afirma sobre ello:

“En los años 1985-1988, Sendero se extendió por todo el país, se articuló con el narcotráfico y salió a la luz pública con su vocero oficioso. El Diario. Desde 1989 incrementó sus acciones espectantes en las ciudades” (285).


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