Hobbes

 Lo siguiente es el audio y la guía de la tercera sesión de prácticas del curso de Teoría política moderna del cual soy asistente este semestre. La idea de compartir estos recursos es triple: (1) poder hacer que estos recursos sirvan a un público más amplio; (2) que los propios alumnos del curso tengan estos recursos con mayor disponibilidad; y (3) el que una mayor exposición de estos recursos posibilite una discusión crítica constructiva que lleve a mejorar la propia clase y mis propias lecturas, con el fin de brindar un mejor curso cada semestre. No está demás decir que cada uno de estos textos y autores daría para muchas horas (o meses) de discusión  teórica. Sin embargo, las sesiones asignadas son de dos horas semanales. Al mismo tiempo, el curso está pensado para alumnos de sexto semestre, alumnos que recién están empezando sus estudios de especialidad de ciencia política. De ahí que los temas tiendan a tratarse con un tono más introductorio y general.

***

 

§ 1. La ciencia moderna.

La ciencia occidental va a cambiar radicalmente con Galileo.

La naturaleza comienza a entenderse de manera esencialmente matemática.

Se conforma entonces una perspectiva cuantitativa de la realidad en la que los caracteres geométricos y las formulaciones numéricas eran indispensables en la observación del mundo. Con la aparición de esta visión, se produce una ruptura con la idea metafísica de ciencia propia del Medioevo, la cual consistía principalmente en una metafísica de la naturaleza de índole más “cualitativa” (Cfr. La Física de Aristóteles).

La geometría, y las matemáticas en general, se convertirán en el paradigma de lo que debe ser el conocimiento.

Demostrativo, riguroso y exacto.

“Toda la ciencia del siglo XVII se encontraba bajo el hechizo de la geometría y la de Hobbes no constituye una excepción. El buen método significaba para él llevar a otros temas el modo de pensamiento que, al parecer, había tenido superlativo éxito en la geometría; en esta creencia se diferenciaba poco de Grocio o Descartes. Ahora bien, el secreto de la geometría consiste en que parte de las cosas más sencillas y cuando avanza hacia la solución de problemas más complicados no utiliza sino lo previamente demostrado. Por ello construye con solidez ya que no da nada por supuesto y cada paso tiene la garantía del anterior, pudiéndose volver desde él hasta las verdades evidentes por sí mismas con las que comienza toda construcción” (Sabine, 355).

Este cambio tiene efectos no sólo en el campo de la ciencia sino que llega a influir ámbitos como el religioso pues el canon dela Iglesiaera agraviado.

El criterio de verdad que defendía la Iglesiase fundaba  en las escrituras de la Bibliay en los argumentos de Santo Tomas y Aristóteles (era un criterio de verdad ligado esencialmente a la autoridad).

Al aparecer formulaciones científicas que eran incongruentes con lo enseñado por el cuerpo teórico dela Iglesia, se produce un conflicto entre ciencia y religión lo cual se extiende hasta el ámbito político. La evidencia (Descartes) y lo experimental (Galileo) se empiezan a convertir en criterios para la verdad de las cosas.

De esta manera se da un cambio de paradigma que tiene repercusiones importantes para la teoría política.

En el mundo antiguo la política era vista como un organismo vivo organizado, se tenía una imagen de armonía en la política entre el todo y sus partes y cada una de esas partes de la política tenia que trabajar para el buen funcionamiento de la sociedad.

Ello es ejemplificado por las afirmaciones de Aristóteles sobre el ser humano como un animal político (ser viviente que pertenece a una comunidad política, polis), el cual vive necesariamente en comunidad (no debe ser entendido como animal social, el concepto de sociedad tal como lo entendemos nace en la modernidad).

El ser humano concebido bajo esta perspectiva se encontraba en una relación inseparable de la política. Dicha visión cambia con Hobbes.

Sobre los objetivos de Hobbes: “Puede decirse que la intención de Hobbes es doble: 1) Poner la filosofía moral y política, por vez primera, sobre una base científica; 2) Contribuir al establecimiento de la paz cívica y la amistad y hacer que la humanidad esté más dispuesta a cumplir con sus deberes cívicos. Estas dos intenciones, teórica y práctica, estaban cercanamente relacionadas en el espíritu de Hobbes” (Berns, 377).

§ 2. La artificialidad de la política, de la sociedad  y el estado de naturaleza.

Para Hobbes, la política no es algo natural sino artificial.

Mientras que para Aristóteles la polis griega “preexiste” a los hombres, pues cada uno nace en la polis y vive en y para la polis, para Hobbes la política es vista como un artefacto.

[Bajo la influencia de la ciencia moderna, se empieza a pensar al ser humano y a sus interacciones con los demás, sean sociales o políticas, bajo una visión mecanicista]

Bajo esa afirmación se pierde la visión organicista de la política: ahora es un artefacto, algo que se ha elaborado y que no siempre tiene que haber co-existido con el ser humano. Se cambia el paradigma, lo natural no es que el hombre viva en comunidad política. La vida política se da únicamente bajo un Estado (con Hobbes el sentido moderno de Estado se desarrolla mucho más).

Dicho Estado es llamado Leviatán.

[El nombre alude a un monstruo bíblico que aparece en el libro de Job. Si no lo han leído, deben leerlo]

Según Hobbes, lo que  tenemos de semejante (“hechos a imagen y semejanza”) a Dios es que hacemos artefactos (un “arte”, ars).

Dios puede ser comparado, desde esta visión, con un relojero que crea las piezas, le da orden y funcionan. El mundo resulta semejante a una máquina (Dios como artífice de la naturaleza).

La diferencia entre Dios y el hombre es que el primero crea maquinas de la vida, el hombre puede ser artífice pero sobre la base de cosas, digamos, preexistentes. La máxima obra de creación artificial del ser humano (el máximo arte, entiendo arte como esa habilidad para producir artefactos) es el Estado, el Leviatán.

El autor se pregunta cómo sería la condición natural de un ser humano, si este viviera fuera de un orden político, sin leyes civiles (un “estado pre-político”, “pre-social”).

Dicho estado es el estado de naturaleza, el cual consiste en un supuesto contra fáctico.

Hobbes no da a entender que ello necesariamente existe o que hay evidencia empírica del Estado de naturaleza (o sea, si esta situación realmente ocurrió alguna vez en la historia humana).

Se trata pues, de un supuesto de lo contra fáctico: de facto (de hecho) no vemos en el mundo dicho estado de naturaleza, ya que constatamos que hay orden político. Hobbes, sin embargo, se pregunta qué pasaría si no hubiese dicho orden político o dicha ley civil.

Es vía ese “ejercicio mental” que se puede entender el fundamento (y la necesidad) del Leviatán.

Lo más cercano a eso sería un estado empírico de guerra civil, de anarquía o lo que se creía en época de Hobbes: que en muchas zonas del nuevo mundo la gente (o sea “nosotros”) vivía en estado de naturaleza.

Entonces la situación natural del ser humano es opuesta a la de Aristóteles. Para Hobbes, el ser humano ya no es entendido como un animal político, sino como un individuo (y eventualmente, también vía Descartes, como un sujeto).

Hobbes no es un liberal propiamente (habrá que esperar a Locke para los más claros inicios del liberalismo), pero sí podemos decir que sienta las bases ontológicas y antropológicas para poder pensar en una sociedad liberal (asociación de individuos libres).

La visión del ser humano de Hobbes sostiene que éste es egoísta por naturaleza y que puede estar condicionado por deseos o razones, pero que en última instancia lo que persigue es su interés (por eso la conocida frase de Hobbes “el hombre es un lobo para el hombre”).

“Hay un impulso adquisitivo apresurado que engendra el antagonismo y un egoísmo más calculador que lleva al hombre a la sociedad” (Sabine, 359).

Sin embargo, el hombre está también marcado por lo que Hobbes llama la “ley natural” que, entre todas las cosas que prescribe, la más esencial es la de que los hombres temen a la muerte y buscan por sobre todo su auto-preservación.

Aún así, sin un Estado no hay un poder de coacción que haga cumplir la ley natural

“Hobbes no se propuso demostrar lo que es en realidad el gobierno, sino lo que tiene que ser para poder controlar con fortuna a unos seres cuya motivación es la de la máquina política” (Sabine, 355).

[Hobbes por eso nos plantea ejemplos cotidianos: ¿por qué ponemos cerraduras (hoy podríamos añadir claves)? ¿De quién nos protegemos con la seguridad y la vigilancia? ¿De otros animales (de un lobo, quizá)? ¿De extra-terrestres? ¿No es acaso de “nosotros mismos”? Ese es el lobo del cual nos protegemos: el ser humano mismo, el prójimo a quien el cristianismo manda a amar como a uno mismo]

“En suma, el hombre no es social por naturaleza; por lo contrario, la naturaleza disocia al hombre. Así, el estado de sociedad civil es radicalmente convencional. Esto no significa que no estén presentes en los hombres ciertos impulsos o fuerzas naturales que los impelen hacia la vida civil. Significa que las fuerzas antisociales son tan naturales y, cuando no son mitigadas por la convención, aún más poderosas que las fuerzas que promueven la vida civil. En lugar de servir como guía directa hacia la bondad humana, la naturaleza indica aquello de lo que el hombre debe huir. Lo único bueno del estado de naturaleza es la posibilidad de salir de él. Y con Hobbes ya estamos en una atmósfera propicia a la idea de conquistar la naturaleza” (Berns, 381).

§ 3. Del estado de naturaleza al Estado: el contrato.

Recapitulación:

“El estado de naturaleza se deduce de las pasiones del hombre; pretende revelar y aclarar aquellas inclinaciones naturales del hombre que debemos conocer para formar el tipo adecuado de orden político. Sirve básicamente para determinar las razones, los propósitos o los fines por los cuales los hombres forman sus sociedades políticas. Una vez conocidos estos fines, el problema político es cómo organizar al hombre y la sociedad para alcanzar con la mayor eficacia los fines” (Berns, 380).

La segunda parte del  principal libro de Hobbes, el Leviatán, trata del Estado. Se piensa que cuando el hombre no tiene orden político, es un error creer que puede existir propiedad privada. La noción de “mío” y “tuyo” solamente puede tener sentido con un Estado. Sin ley que diga lo que no puede hacer uno contra otro la propiedad resulta imposible.

¿Qué pasaría si no habría estado? No habría ley, habría conflicto porque cuando los hombres lleguen a querer lo mismo va a haber una pelea (que en el caso más extremo, el que nos interesa, llegará a la muerte misma).

Nadie es suficientemente fuerte y no hay manera de ganar sin más (todos los seres humanos en estado de naturaleza tienden en promedio a ser iguales).

No hay ningún tipo de tranquilidad, cualquiera puede defenderse o atacar a los demás. El ser humano puede ser egoísta, atacar, apropiar y entonces se genera una guerra de “todos contra todos”, ese es el estado de naturaleza.

Podríamos añadir aquí la idea de que la igualdad natural más importante entre los seres humanos es su igual capacidad para matarse entre sí.

[Nadie puede "dormir tranquilo"]

Ante el continuo desorden, desconfianza, se llega a hacer un cálculo que hoy llamaríamos de “costo-beneficio” entre los individuos (el peso de las razones mediatas y calculadas, por sobre los deseos inmediatos).

“La norma que hay tras toda conducta  es la de que el cuerpo vivo trata instintivamente de conservar  o aumentar su vitalidad. En una palabra, el principio fisiológico que informa toda conducta es la propia conservación, y la propia conservación significa precisamente  la continuación de la existencia biológica del individuo. El bien es lo que conduce a esta finalidad y el mal lo que tiene el efecto contrario” (Sabine, 358).

Se sacrifican (¡se renuncia!) algunos “derechos” con el fin de tener orden, se produce un contrato y con ello se genera el orden político (el paso del status naturalis al status civilis). De esta forma se renuncian a ciertos poderes con tal que haya ciertos niveles mínimos de paz y orden (seguridad), tanto en el interior, como en el exterior del Estado.

Se pacta renuncia y obediencia por protección y seguridad.

Todo esto incentiva a cada individuo a renunciar a ciertos poderes, renunciar al hecho de ser juez y de tener su propia ley para castigar a quien le ataque, para atacar y defenderse.

Así, se agrupan y hacen un pacto, un contrato (inicio del contractualismo moderno), en el que unos serán súbditos y otro será soberano.

“En sustancia todas las leyes de Hobbes equivalen a esto: la paz y la cooperación tienen mayor utilidad para la propia conservación que la violencia y la competencia general, y la paz necesita de la confianza mutua” (Sabine, 361).

§ 4. El soberano.

“El poder del estado y la autoridad del derecho se justifican únicamente porque contribuyen a la seguridad de los individuos humanos, y no hay una base racional de obediencia y respeto a la autoridad, salvo la presunción de que tales cosas darán por resultado una mayor ventaja individual que sus contrarias. El bienestar social en cuanto tal desaparece por entero y se ve reemplazado por una suma de intereses individuales egoístas. La sociedad es meramente un cuerpo ‘artificial’, un nombre colectivo que describe el hecho de que los seres humanos encuentran individualmente que les resulta ventajoso el cambio de bienes y servicios” (Sabine, 361).

Poder legislativo, judicial, ejecutivo (poderes que hoy en las democracias liberales están “divididos” o “separados”) son inseparables en la figura decisional del soberano.

Todo este poder del Leviatán es con vista a mantener la paz y el orden. Ese es el objetivo de la política. Es desde aquí que puede surgir un legítimo “mío y tuyo”. El soberano es la fuente que legitima la propiedad privada como tal.

El tipo gobierno por el cual Hobbes siente mayor simpatía es la monarquía absoluta ya que para él garantiza mejor la estabilidad, el orden y la paz.

Derecho de castigar, derecho de ejercer el poder policiaco.

Hacer la guerra o la paz.

Exigir impuestos.

Obligar a los ciudadanos a tomar las armas en la defensa de su propio país (hasta donde sea posible).

Hacer las leyes (no está obligado él mismo a cumplirlas).

Ejecutar las leyes.

Nombrar concejeros, ministros, magistrados y funcionarios.

Juzgar (interprete supremo de la ley). También las doctrinas y opiniones que vayan en contra de la paz.

El derecho a la propia conservación es inviolable.

¿Y si se vuelve un “tirano”?

“(…) si el soberano ejerce su derecho en contra de la recta razón, como cualquier hombre en estado de naturaleza estará pecando contra las leyes de naturaleza y por tanto será responsable ante su autor, Dios, por su iniquidad. Además, reconoce Hobbes, hay cierto castigo natural para el gobierno negligente, a saber, la rebelión” (Berns, 389).

El soberano “rinde cuentas”, pero “después de la muerte” (“accountability post-mortem“).

¿Y si abusa del poder para beneficiarse?

“Dado que quienes ejercen la autoridad soberana, siendo hombres, siempre tendrán la máxima preocupación en sus intereses privados, entonces el interés público será más favorecido donde más directamente unido esté a los intereses privados. Esto ocurre en la monarquía que, por consiguiente, es la mejor forma de gobierno. En la democracia, donde cada quien ejerce alguna parte de la soberanía, el número de quienes son capaces de enriquecerse y ayudarse a expensas del interés público llega a su máximo. En una monarquía sólo puede haber un Nerón, en una democracia puede haber tantos Nerones como oradores capaces de halagar al populacho. Un monarca puede favorecer a personas indignas, pero a menudo no lo hará. En una democracia no se puede evitar la promoción de personas indignas, pues en la democracia siempre hay una enconada competencia entre los oradores populares, o demagogos, y el poder de cada demagogo depende de su capacidad de controlar y de patrocinar a otros” (Berns, 390-391).

[La democracia para Hobbes genera más robo abuso y, sobre todo facciones y guerras civiles]

¿Y la libertad?

Hobbes sostiene que bajo el orden hay la libertad posible (“civil”). Lo que se reclama no es libertad, sino poder (para nosotros quizá eso serían las “libertades políticas”).

Los súbditos otorgan honra y obediencia a cambio de orden y paz. Con eso, el Leviatán debe mantener el orden en su propio Estado lo que le otorga mayor legitimidad. En eso radica el contrato.

Hobbes no cree que en la posibilidad de que haya un Leviatán de Leviatanes en el mundo, en una sociedad internacional. Es decir, no hay un “Estado de Estados”. Los Estados se encuentran entre ellos en un perpetuo estado de naturaleza, que fluctúa entre la paz y la guerra (Será Kant el que piense la posibilidad de una “paz perpetua”).

La ley civil no es mero arbitrio, pura voluntad libre. Hay un criterio: la ley natural. Sobre la ley natural se debe construir la ley civil. La primera es abordable gracias a la razón humana.

Si no, entonces (como ya vimos) tendrá que rendirle cuentas a Dios.

Para Hobbes no existe una rebelión legítima porque rebelarse es generar desorden y el soberano tiene como tarea propia el aseguramiento del orden y de la paz. Por ello, el soberano necesita un buen ejército y una fortuna por el bien de sus súbditos. Ellos no tienen posibilidad de hacer leyes, pero si tienen una conciencia del orden y de las necesidades.

“Las ventajas del gobierno son tangibles y tienen que serlo para los individuos, en forma de paz, comodidad y seguridad de su persona y propiedad. Ésta es la única base que permite la justificación del gobierno y aun su misma existencia. Un bien general o público como una voluntad pública, es ilusión de la imaginación; sólo existen individuos que desean vivir y gozar de protección para sus medios de vida” (Sabine, 367).

Conclusión:

“Era una teoría natural en una época que vio la ruina de tantas asociaciones o instituciones tradicionales de la vida económica y religiosa y sobre todo que contempló la aparición de estados poderosos, la actividad típica de los cuales vino a ser la creación del derecho. Esas tendencias –el aumento de poder jurídico y el reconocimiento del egoísmo como móvil dominante de la vida- figuran entre las que mayor difusión han conseguido en la época moderna. Que Hobbes hiciera de ellas las premisas de su sistema y las siguiese con lógica implacable es la verdadera medida de su penetración filosófica y de su grandeza como pensador político” (Sabine, 367).

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