El lugar de la emancipación: La polémica Laclau – Žižek

(La foto es cortesía de Cécile)

A continuación, comparto el audio de la ponencia que dí el 9 de septiembre.

Lo que puedo decir, a modo de una autocrítica en términos formales, es que me hubiese gustado trabajar más la versión final y no tener tantas citas. Por cuestiones de tiempo ello no fue posible. Por eso es que al final el texto salió muy largo (daba como para 30 minutos y tuve que ceñirme al tiempo de 20 minutos, cortando algunas partes). A pesar de ello, me gustó bastante el que  la ponencia haya tenido cierta acogida y, en serio, agradezco y aprecio bastante eso. Varias personas se acercaron felicitar la ponencia, a hacer preguntas después de la mesa, a conversar (sobre todo con Mijail y Stephan) e incluso a pedirme la ponencia misma (la ponencia física que tenía se la dí a Vera, si no me equivoco).

Me gustó bastante que muchos estudiantes y asistentes, no solamente de filosofía, mostraran su interés en estos autores.

La idea de la ponencia, en todo caso, era presentar algunos de los principales puntos de discrepancia entre ambos autores.  En todo caso, es la primera vez que subo mi ponencia junto con el audio. Así se podrá distinguir qué cosas dejé de leer, que cosas sí leí y que cosas dije que no estaban en el texto.

Algo que sentí también cuando dí la ponencia es que, en algunos momentos de ésta, se tocan temas que hace ya un tiempo Daniel Sacilotto (Sobre la Idea de Verdad PolíticaSobre la Distinción Entre Individuo y SujetoSobre la Probabilidad Necesaria/Contingente) y yo (El cinismo político del “radicalismo chic”¿Cómo reencontrar de la dimensión utópica? Riesgos, legitimidad y posibilidad¿Entre la reforma y/o la revolución?) estuvimos discutiendo. En todo caso…

***

El lugar de la emancipación:

La polémica Laclau – Žižek

En esta breve ponencia me gustaría presentar y discutir algunos ejes de la polémica que han mantenido Ernesto Laclau y Slavoj Žižek en la última década. Dicha polémica es esencial para comprender algunas discrepancias centrales en torno a la tradición intelectual de la izquierda contemporánea que incorpora a sus reflexiones el Psicoanálisis de Jacques Lacan. Por cuestiones obvias de tiempo y extensión, me remitiré a los problemas generales que considero más importantes en torno a sus discrepancias.

 §1. La denuncia del “kantismo” y la fórmula fetichista.

Žižek critica la teoría política de Laclau, ya que considera que ésta en el fondo cae en la lógica del “ideal regulativo kantiano”, al ver en la teoría de Laclau un continuo (y contingente) cambio en la constitución de las identidades políticas, a la luz de la formación de cadenas equivalenciales o diferenciales donde un significante particular termina encarnando la universalidad:

“¿esta solución no implica la lógica kantiana del acercamiento infinito a la imposible plenitud como una suerte de ‘Idea reguladora’ ¿No implica la postura resignada/ cínica de ‘aunque sabemos que fracasaremos, deberíamos persistir en nuestra búsqueda’, la de un agente que sabe que el Objetivo global hacia el cual tiende es imposible, que su esfuerzo supremo fracasará necesariamente, pero que no obstante acepta la necesidad de este Espectro global como un aliciente necesario para darle la energía que lo haga empeñarse en resolver problemas parciales?”[1].

Esto significaría, básicamente pensar en que “tenemos que hacer la revolución”, aunque sabemos que la revolución “plena” (verdaderamente emancipatoria) es en realidad imposible.

Žižek piensa, pues, que Laclau es cínico por considerar que, dado que es “imposible” un cambio radical o la obtención del “gran cambio” (no digo “gran transformación” porque se supone que eso ya ha empezado en este país), lo que nos quedaría hoy es una especie de lucha “menor”  y “local” que es consciente de su propio (e inevitable) fracaso. Me parece que otra manera de formular esta objeción podría darse desde la fórmula psicoanalítica del fetichista que Žižek toma de Lacan desde obras tempranas como El sublime objeto de la ideología[2]. Parafraseando, podríamos enunciarla de manera bastante sencilla de la siguiente manera: “Yo sé que esto va a fracasar, pero aun así…”.

Frente a estas objeciones, Laclau busca defenderse, distinguiendo su enfoque del kantiano, de la siguiente manera:

“La diferencia entre el enfoque kantiano y el mío es que para Kant, el contenido de la idea reguladora se da de una vez y para siempre, desde el principio mismo; mientras que para mí, el objeto al que se inviste con cathexis cambia constantemente. De modo que no hay un proceso acumulativo lineal que podría dar lugar a un cinismo acerca del carácter en última instancia inalcanzable de los objetivos. Para los actores históricos que participan en las luchas concretas no existe ningún tipo de resignación cínica: sus objetivos reales son todo lo que constituye el horizonte dentro del cual viven y luchan. Decir que la plenitud final es inalcanzable no implica de ningún modo defender una actitud de fatalismo o resignación: es decirle a la gente: ‘eso por lo que estás luchando es todo lo que hay; vuestra lucha concreta no está limitada por ninguna necesidad anterior’”[3].

En la misma línea, su defensa frente a la objeción de ser gradualista es denunciar como utópica dicha posición:

“El ‘gradualismo’ es, en realidad, la primera de las utopías: creer que puede haber un centro administrativo neutral capaz de tratar las cuestiones sociales de una manera no política”. Me parece que desde esta perspectiva acá se parecen el ideal de una sociedad comunista sin Estado y sin política donde solamente hay “administración de cosas” (y no de personas) y la utopía neoliberal de una tecnocracia que resuelve los problemas sin la “demagogia política”, remitiéndose únicamente a “criterios técnicos”. Lo que él considera utópico en ambos intentos es la posibilidad de “acabar con la política” a través de esta imagen gradualista de la resolución de demandas. Abandonando el reduccionismo del marxismo ortodoxo (acercándose a Gramsci) y apropiándose de los aportes del posestructuralismo y del psicoanálisis lacaniano, Laclau piensa la política y la universalidad de manera no esencialista.

 § 2. Lucha anticapitalista o políticas de la diferencia.

Otra gran línea de crítica de Žižek, que alude a Laclau y a muchos más autores, consiste en sostener que asumir la multiplicidad de luchas “posmodernas” particularistas implica fundamentalmente una aceptación tácita del orden global que las soporta, es decir, de lo que él denomina el “capitalismo global”:

“si bien  esta narrativa izquierdista posmoderna convencional del pasaje del marxismo ‘esencialista’ con el proletariado como único Sujeto Histórico, el privilegio de la lucha económica de clase, etc., a la irreductible pluralidad de luchas posmoderna describe indudablemente un proceso histórico real; sus partidarios, como regla, omiten la resignación que implica –la aceptación del capitalismo como ‘la única opción’, la renuncia a todo intento real de superar el régimen capitalista liberal existente”[4].

Es por eso que, en esta línea, Žižek termina sosteniendo que dicha posición termina siendo bastante conservadora, ya que se asume implícitamente que el sistema capitalista y la democracia liberal son “intocables” y lo que quedan son las luchas particulares que se dan al interior de dichas reglas de juego (o de dicho marco estructural básico), con el fin de obtener lo que muchos llaman hoy un “capitalismo con rostro humano”:

“La política posmoderna definitivamente tiene el gran mérito de que ‘repolitiza’ una serie de ámbitos anteriormente considerados ‘apolíticos’ o ‘privados’; lo cierto es, sin embargo, que no repolitiza de hecho el capitalismo, ya que la noción y la forma misma de ‘lo político’ dentro de la cual opera se funda en la ‘despolitización’ de la economía. Si debemos jugar el juego posmoderno de la pluralidad de subjetivizaciones políticas, es formalmente necesario que no hagamos ciertas preguntas (sobre cómo subvertir el capitalismo en sí, sobre los límites constitutivos de la democracia política y/o el estado democrático en sí…). De modo que, nuevamente, a propósito del contraargumento obvio de Laclau de que lo Político, para él, no es un ámbito social específico sino el conjunto mismo de decisiones contingentes que fundan lo Social, yo respondería que la emergencia posmoderna de nuevas subjetividades políticas múltiples ciertamente no alcanza este nivel radical del acto político propiamente dicho”[5].

La tesis es pues, que si aceptamos las luchas posmodernas de la diferencia, perdemos la posibilidad de luchar contra el capitalismo.

 Podemos sintetizar su diagnóstico de la siguiente manera:

“(…) desde mi punto de vista, la política posmoderna actual de subjetividades múltiples no es precisamente lo suficientemente política, en la medida en que presupone calladamente un sistema ‘naturalizado’ no tematizado de relaciones económicas. Debería afirmarse, contra la teoría política posmoderna que tiende cada vez más a prohibir la referencia misma al capitalismo  como ‘esencialista’, que la contingencia plural de las luchas políticas posmodernas y la totalidad del Capital no se oponen, siendo el Capital el que de alguna manera ‘limita’ la deriva libre de los desplazamientos hegemónicos –el capitalismo actual más bien aporta el telón de fondo y el terreno mismo para la emergencia de las subjetividades políticas cambiantes-dispersas-contingentes-irónicas-etcétera. ¿No lo señaló Deleuze, en cierto modo, cuando puso de relieve que el capitalismo es una fuerza de “desterritorialización”? ¿Y acaso no seguía la vieja tesis de Marx de que, con el capitalismo, ‘todo lo sólido se disuelve en el aire’?”[6]

Para redondear la idea, entonces: el abandono del “esencialismo” y la “proliferación de nuevas subjetividades políticas”, la aceptación de la contingencia se dan sobre la base de la renuncia a la idea de un cambio global en las relaciones fundamentales de la sociedad. Nadie ya cuestiona radicalmente al capitalismo, al Estado y a la democracia política. Medidas paliativas para para intentar controlar los “excesos del capitalismo” (sus “síntomas”). Se trata de pensar que “otro mundo no es posible”, se trata de luchar por un “capitalismo con rostro humano” y abandonar la lucha de un “socialismo con rostro humano”. Para Žižek, la izquierda intelectual contemporánea es, en buena medida (e irónicamente), fukuyamista. Por eso es que él nos invoca a “mantener abierto el lugar utópico de la alternativa global”[7].

El giro posmarxista, el abandono del esencialismo y del reduccionismos marxista tenderían a ir de la mano con una “resignación” ante el capitalismo como el juego posible. Por eso para Žižek la cuestión se formula esencialmente de la siguiente forma:

“La izquierda tiene hoy una opción: o acepta el horizonte democrático liberal predominante (democracia, derechos humanos y libertades…) y emprende una batalla hegemónica dentro de él, o arriesga el gesto opuesto de rechazar sus términos mismos, de rechazar directamente el chantaje liberal actual de que propiciar cualquier perspectiva de cambio radical allana el camino al totalitarismo. Es mi firme convicción, mi premisa político-existencial, que el viejo lema de 1968: “¡Seamos realistas, demandemos lo imposible! Sigue en pie: los defensores de los cambios y las resignificaciones dentro del horizonte democrático liberal son los verdaderos utópicos en su creencia de que sus esfuerzos redundarán en algo más que la cirugía estética que nos dará un capitalismo con rostro humano”[8].

La tesis marxista de Žižek que acabamos de ver se confronta con la teoría de la Laclau de la siguiente manera:

“(…) mi desacuerdo con Laclau es que no acepto que todos los elementos que entran en la lucha hegemónica sean en principio iguales: en la serie de luchas (económica, política, feminista, ecológica, étnica, etc.) siempre hay una que, si bien es parte de esta cadena, secretamente sobredetermina el horizonte mismo. Esta contaminación de lo universal por lo particular es ‘más fuerte’ que la lucha por la hegemonía (es decir, por qué contenido particular hegemonizará la universalidad en cuestión): estructura de antemano el terreno mismo en el que la multitud de contenidos particulares luchan por la hegemonía”[9].

Lo que Laclau va a respondes a es que él no dice que todas las luchas sean igual. De hecho, la teoría de la hegemonía que el propone busca ser la teoría que tematice esas diferencias. Lo que sí niega Laclau es que haya, de alguna manera, un sujeto o “lugar privilegiado” a para una “lucha privilegiada”.

 § 3. Filosofía y compromiso político.

[Esta sección no fue leída en la ponencia por cuestiones de tiempo. Tampoco estaba muy desarrollada]

El segundo gran eje de la crítica de Žižek consiste en no querer aceptar la oposición entre “capitalismo con democracia liberal o totalitarismo”. La idea es redefinir esa oposición y pensar en la posibilidad de superar el capitalismo sin repetir los horrores que se dieron en los países del llamado “socialismo real”. La formulación de la situación es la siguiente:

“(…) los sinvergüenzas liberales conformistas pueden hallar una satisfacción hipócrita en su defensa del orden existente: saben que hay corrupción, explotación, etc., pero cada intento de cambiar las cosas es denunciado como éticamente peligroso e inaceptable, recordando los fantasmas del Gulag o del Holocausto”[10].

Žižek cree que esta aceptación de la oposición por parte de los filósofos y teóricos no es una mera “elección”: para él, habrían supuestos filosóficos fundamentales no cuestionados y, aparentemente compartidos por los principales filósofos contemporáneos que deberían abandonarse:

“Y esta resistencia contra el acto parece ser compartida en un amplio espectro de posiciones filosóficas (oficialmente) opuestas. Cuatro filósofos tan distintos como Derrida, Habermas, Rorty y Dennet probablemente adoptarían la misma postura democrática liberal de centroizquierda en decisiones políticas prácticas; en lo que se refiere a las conclusiones políticas que deben extraerse de su pensamiento, la diferencia entre sus posiciones es insignificante. Por otro lado, nuestra intuición inmediata ya nos dice que filósofos como Heidegger o Badiou definitivamente adoptarían una postura diferente. Rorty; que hizo esta perspicaz observación, infiere de ello que las diferencias filosóficas no implican, generan o se basan en diferencias políticas –políticamente, no cuentan realmente-. ¿Qué pasa, sin embargo, si las diferencias filosóficas sí importan políticamente y sí, por consiguiente, esta congruencia política entre filósofos nos dice algo crucial sobre su postura filosófica pertinente? ¿Qué pasa si, pese a los grandes debates públicos apasionados entre deconstructivistas, pragmáticos, habermasianos y cognitivistas, comparten no obstante una serie de premisas filosóficas? ¿Qué pasa si hay una proximidad no reconocida entre ellos? ¿Y qué pasa si la tarea de hoy es precisamente romper con este terreno de premisas compartidas?”[11].

El problema central de la argumentación de Žižek aquí no va a ser tanto el diagnóstico, que también puede ser cuestionable, sino sobre todo el hecho de que no hay una sola pista de lo que podría significar “romper con este terreno de premisas compartidas”. En la práctica, y esto lo vamos a ver a lo largo de la ponencia, lo que vamos tener son arengas básicamente vacías. Sin embargo, sí hay alguno muy interesante y pertinente que puede rescatarse de esta crítica de Žižek: más allá de las “premisas filosóficas” que deben romperse (y esto Žižek lo ha dicho en una infinidad de lugares) rol de los intelectuales debe redefinirse: se trata de no solamente hacer de expertos para problemas dados, sino de sobre todo (y fundamentalmente) de redefinir y formular los problemas desde una perspectiva crítica.

§ 4. El fetichismo de las “categorías”.

Básicamente, el eje principal de la crítica de Laclau a Žižek consiste en que éste “nunca define claramente qué entiende él por un enfoque global de la política”[12]. A pesar de los vaivenes y oscilaciones de Žižek, el punto de Laclau es que se termina haciendo una diferencia “esencialista”, cuasi trascendental, entre la diversidad de luchas (diferencia que es ilegítima para Laclau), además de aludir a entidades que no son más que fetiches que despojados de significación: “clase”, “lucha de clases”, “capitalismo”, etc.

Para Laclau, no se trata de políticas de identidad vs lucha de clases (o “lucha anticapitalista”). Laclau sostiene que la lucha de clases es una política de identidad que cada vez es menos importante en el mundo de hoy:

“No creo que las luchas multiculturales per se constituyan un sujeto revolucionario, al menos no más que las de la clase trabajadora. Pero esto tampoco me lleva a mí a oponerme a sus demandas. Así como apoyo las demandas sindicalistas a pesar del hecho de que, en principio, pueden ser satisfechas dentro del capitalismo, también apoyo las demandas de grupos multiculturales y otros grupos centrados en objetivos precisos sin pensar que están anunciando el final de la dominación capitalista. Lo que le preocupa a Žižek –y yo comparto esa preocupación- es que la proliferación de particularismos que no están vinculados por un discurso emancipatorio más global podrían conducir no sólo a preservar el statu quo sino también a un viraje más marcado hacia la derecha. Ésta es una preocupación legítima, pero la forma de responder a eso no es resucitar una entidad –la lucha de clases- que no tiene un significado preciso en el mundo contemporáneo”[13].

Por eso, en relación al uso que Žižek hace del término “clase”, Laclau es bastante crítico:

“Uno no puede evitar pensar que Žižek introduce la noción de clase en su análisis como una suerte de deus ex machina para que juegue el papel del muchacho bueno contra los demonios multiculturales. La única diferencia de ‘clase’ que surge del texto de Žižek es que las clases, de algún modo, están constituidas y luchan al nivel del ‘sistema’, en tanto las otras luchas e identidades serían intrasistémicas. La razón de esto no se analiza, y por cierto sería una proposición muy difícil de defender sin introducir alguna versión del modelo base/ superestructura. Pienso que esto es lo que Žižek hace en última instancia, y éste es otro ejemplo de la división esquizofrénica de su discurso entre un sofisticado análisis lacaniano y una deconstrucción insuficiente del marxismo tradicional”[14].

Esta “deconstrucción” del marxismo tradicional es hecha por Laclau y Mouffe en los dos primeros capítulos de Hegemonía y estrategia socialista.

Žižek cree que hay un lugar privilegiado de la estructura social para la lucha anticapitalista: la “lucha de clases” (trabajadores). Laclau cree que no hay tal lugar (o sujeto) privilegiado. Todas las demandas de cualquier grupo pueden ser asimiladas al sistema (como mejores salarios o menos horas de trabajo). De la misma manera, pueden configurarse movimientos antisistema que surjan de grupos marginales a las relaciones de producción capitalista. Laclau piensa que Žižek es víctima de algo que para él es sintomático del imaginario político de la izquierda: la “clase trabajadora” es el sujeto emancipador por antonomasia. De ahí que quede como un rezago de la tradición el vínculo emocional con dicha tesis y la tarea de tratar de mantener su vigencia sea como sea.

Žižek, pues, mantiene una posición manifiestamente “anticapitalista”, ya que (como vimos antes) lo que sostiene es que las luchas posmodernas aceptan el capitalismo sin buscar “superarlo”. Laclau sostiene que dicha tesis no significa absolutamente nada. Laclau es enfático al respecto:

“Yo entiendo lo que Marx quiso decir por superar el régimen capitalista porque él lo ha hecho explícito muchas veces. Por la misma razón, puedo entender también lo que dicen Lenin o Trotsky al respecto. Pero en el trabajo de Žižek tal expresión no significa nada, salvo que el autor tenga un plan estratégico secreto del cual tiene mucho cuidado en no dar ninguna información. ¿deberíamos entender que quiere imponer la dictadura del proletariado? ¿O que quiere socializar los medios de producción y abolir los mecanismos de mercado? ¿Cuál es su estrategia política para lograr esos objetivos un tanto peculiares? Si no da, por lo menos, un comienzo de respuesta a estas cuestiones, su anticapitalismo es una mera cháchara vacía”[15].El mismo problema se da con la crítica al régimen político, es decir, la democracia liberal, ya que Žižek “también quiere deshacerse de los regímenes democrático-liberales- para reemplazos, es verdad, por un régimen totalmente diferente del cual no tiene la cortesía de hacernos saber nada-”[16].

Y acá es donde viene un tema importante que Laclau toca y que puede plantearse en relación a cómo debe vincularse la reflexión crítico-teórica con lo que efectivamente está sucediendo: si los teóricos tienen o no, de alguna manera, contacto con la realidad sobre la que se supone que están teorizando:

“Yo puedo discutir de política con Butler porque ella habla del mundo real, de los problemas de estrategia que la gente tiene en sus luchas reales, pero con Žižek ni siquiera puedo comenzar a hacerlo. Lo único que uno recibe de él son llamados a abolir el capitalismo o la democracia liberal, lo que en definitiva no significa nada. Más aún, su forma de tratar las categorías marxistas consiste en inscribirlas en un horizonte semi-metafísico, que si fuera aceptado –algo muy poco probable- volvería cincuenta años atrás la agenda de discusión de la izquierda”[17].

 § 5. Lógica del objeto a y la imposibilidad del sujeto emancipador.

La principal defensa de Laclau contra la acusación de cinismo político que le hace Žižek es, irónicamente, lacaniana: Para Laclau, la lógica de la hegemonía que él defiende puede equipararse sin más con la lógica del objeto petit a lacaniano:

“El hecho de que el objeto sea ‘elevado a la dignidad de la Cosa’ es lo que Žižek parece excluir como posibilidad política. La alternativa que él presenta es: o bien tenemos acceso a la Cosa como tal, o bien tenemos parcialidades puras no vinculadas por ningún efecto totalizador. Un lacaniano como Žižek debería haber evitado esta simplificación grosera”[18].

Desde esta perspectiva la parcialidad no es una “resignación” o postura meramente “incrementalista”, sino todo lo contrario:

“Para alguien identificado con una configuración hegemónica, esa configuración es todo lo que existe como un objetivo, no es un momento más en el eterno fracaso empírico por alcanzar el Ideal”[19].

Podemos sintetizar el argumento de la siguiente manera:

“La Cosacomo tal no puede ser tocada en ningún punto en forma directa sin su representación a través de un objeto. La razón de esto es que no existe tal ‘Cosa’: es siempre un supuesto retrospectivo. Pero esta parcialidad del objeto no implica ninguna resignación o renuncia”[20].

En pocas palabras, si se hace una apropiación de la lógica del objeto a, debe abandonarse la posición de querer tener un acceso directo a la Cosa que en nuestra discusión se expresaría bajo la imagen de una “sociedad plenamente emancipada”. Por eso para Laclau, Žižek aquí no es verdaderamente lacaniano ya que plantea el problema de la siguiente manera: o acceso directo a la Cosa (“Revolución de verdad”) o nada (“luchas menores, utópicas, ideológicas”, podríamos decir hasta “reaccionarias”).

En una de sus últimas respuestas a Žižek, Laclau profundiza esta defensa de una manera contundente:

“El punto relevante para nuestro tema es que lo pleno –La Cosa freudiana- es inalcanzable; es tan sólo una ilusión retrospectiva que es sustituida por objetos parciales que encarnan esa totalidad imposible. En palabras de Lacan: la sublimación consiste en elevar un objeto a la dignidad de la Cosa. Como he intentado mostrar, la relación hegemónica reproduce todos estos momentos estructurales: una cierta particularidad asume la representación de una universalidad que siempre se aleja. Como vemos, el modelo de la reificación/ distorsión/ falsa conciencia es radicalmente incompatible con el de la hegemonía/ objeto a; mientras que el primero presupone el acceso a lo pleno a través de la reversión del proceso de reificación, el segundo concibe lo pleno (la Cosa) como inalcanzable porque carece de todo contenido. Y mientras que el primero ve la encarnación en lo concreto como una reificación distorsionante, el segundo ve el investimiento radical en un objeto como el solo camino para lograr una cierta plenitud. Žižek sólo puede mantener su enfoque en términos de reificación/ falsa conciencia al precio de erradicar radicalmente la lógica del objeto a del campo de las relaciones políticas”[21].

Es por no ser plenamente lacaniano, por no aceptar la lógica del objeto a para lo político, que Žižek sigue manteniendo una versión particular del esquema esencialista y ortdoxo del marxismo clásico: el modelo “Base”/ “Superestructura”:

“eliminar enteramente la mediación simbólica y afirmar la posibilidad de una pura expresión de la conciencia verdadera es lo mismo que afirmar tener un acceso directo a la Cosaen cuanto tal, en tanto que a los objetos a  sólo se les atribuiría el estatus de representaciones distorsionadas.)”[22].

La conclusión de Laclau es inminente: los supuestos ontológicos de Žižek generan un nihilismo político:

“Por tanto, ¿qué es lo que está errado en todo su argumento? Sus mismas premisas. Como Žižek se niega a aplicar la lógica del objeto petit a (la lógica de la hegemonía) al pensamiento estratégico-político, queda en un callejón sin salida: debe rechazar todas las luchas ‘parciales’ por ser ellas internas al ‘sistema’ (sea lo que fuere que esto signifique) y, puesto que la ‘Cosa’ es inalcanzable, no puede apuntar a ningún actor histórico concreto para su lucha anticapitalista. En conclusión, Žižek no puede proveer ninguna teoría del sujeto emancipatorio. Como, al mismo tiempo, su totalidad sistémica, por ser un fundamento, está regulada exclusivamente por sus leyes internas, sólo nos resta esperar a que estas leyes produzcan la totalidad de sus efectos. Ergo, nihilismo político”[23].

Esto implica pues, que el acto revolucionario no tendría que estar investido en ningún objeto. El sistema capitalista es, para Žižek, el único “objeto” contra el cual la lucha emancipatoria debe hacer frente. La conclusión es, entonces, que la lucha emancipatoria es una lucha anticapitalista “frontal” y “total”. El problema, como ya se ha visto a lo largo de la ponencia, es que dichas tesis no terminan siendo más que arengas retóricas y Laclau es perfectamente consciente de ello:

“No hay una sola línea en el trabajo de Žižek donde ofrezca un ejemplo de lo que él considera una lucha anticapitalista. Uno se pregunta si está pensando en una invasión de seres de otro planeta o si, como una vez lo sugirió, en algún tipo de catástrofe ecológica que no transformaría al mundo, sino que lo haría caer a pedazos”[24].

Vemos pues, que

“(…) hay algo extra-terrestre en lo que concierne a los sujetos emancipatorios de Žižek; sus condiciones de agentes revolucionarios son especificadas al interior de una geometría tan rígida de efectos sociales que ningún actor empírico puede estar a la altura”[25]. Esta es la razón por la cual tiene sentido pensar en que una posible consecuencia para la política desde la filosofía de Žižek sea la inacción (cuando curiosamente él mismo haya sido en algún momento candidato a la presidencia de Eslovenia).

§ 6. “Conclusiones”.

El problema de la ontología de Žižek (intentar compatibilizar a Lacan con Hegel, manteniendo ciertas categorías clásicas del marxismo) puede generar los “cortocircuitos” que ya se han visto hasta ahora. Básicamente, y en palabras de Laclau, podemos decir que

“el pensamiento de Žižek sufre de un cierto ‘desarrollo desigual y combinado’. Mientras con sus herramientas lacanianas y su capacidad de observación ha hecho considerables avances en la comprensión de los procesos ideológicos de las sociedades contemporáneas, no ha avanzado al mismo ritmo en su pensamiento estrictamente político y ha quedado fijado en categorías muy tradicionales”[26].

En ese sentido, lo que parecería desprenderse de todo lo anterior es que la filosofía de Žižek puede ser útil para reflexionar crítica y lúcidamente sobre las manifestaciones ideológicas en nuestras sociedades contemporáneas, a partir de un muy buen uso del psicoanálisis lacaniano. Incluso, dichas aproximaciones pueden (y de hecho lo han hecho) contribuir decisivamente a una teoría de la ideología que esté a la altura de nuestra época. En eso creo que el psicoanálisis de Lacan resulta muy útil y fructífero.

Donde sí creo que la aproximación de Žižek empieza a complicarse es cuando se le fuerza a responder a preguntas tales como las que Laclau enumera:

“¿Cómo es posible mantener una economía de mercado que sea compatible con un alto grado de control social del proceso productivo? ¿Qué tipo de reestructuración de las instituciones democráticas liberales se necesita para que el control democrático sea efectivo y no degenere en lo que podría ser la regulación de una burocracia todopoderosa? ¿Cómo debe concebirse la democratización para que tenga efectos políticos globales que sean, no obstante, compatibles con el pluralismo social y cultural existente en una sociedad dada? Tales preguntas se pueden pensar dentro de la estrategia gramsciana de guerra de posición, pero en la propuesta de Žižek de la lucha directa para derrocar al capitalismo y abolir la democracia liberal, sólo veo una receta conducente a la esterilidad y el quietismo político”[27].


[1] Žižek, Slavoj, “¿Lucha de clases o posmodernismo? ¡Sí, por favor!”, en: Butler, Judith, Laclau, Ernesto y Slavoj Žižek, Contingencia, Hegemonía y Universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000, pág. 98

[2] Cfr., Žižek, Slavjo, El sublime objeto de la ideología, México, D.F.: Siglo Veintiuno, 1989.

[3] Laclau, Ernesto, “Estructura, historia y lo político” en: Butler, Judith, Laclau, Ernesto y Slavoj Žižek, Contingencia, Hegemonía y Universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000, pág. 198

[4] Žižek, Slavoj, “¿Lucha de clases o posmodernismo? ¡Sí, por favor!”, pág. 101.

[5] Ibid., pág. 106.

[6] Ibid., pág. 117.

[7] Žižek, Slavoj, “Mantener el lugar”, en: Butler, Judith, Laclau, Ernesto y Slavoj Žižek, Contingencia, Hegemonía y Universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000, pp. 326-327.

[8] Žižek, Slavoj, “Mantener el lugar”, pág. 327.

[9] Ibid., pág. 321.

[10] Žižek, Slavoj, “¿Lucha de clases o posmodernismo? ¡Sí, por favor!”, pág. 140.

[11] Ibid.

[12] Laclau, Ernesto, “Estructura, historia y lo político”, pág. 200.

[13] Ibid., pág. 205.

[14] Ibid., pág. 207.

[15] Ibid., pág. 207.

[16] Laclau, Ernesto, “Construyendo la universalidad” en: Butler, Judith, Laclau, Ernesto y Slavoj Žižek, Contingencia, Hegemonía y Universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000, pp. 288-289.

[17] Ibid., pp. 289-290.

[18] Laclau, Ernesto, La razón populista, México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2006, pág. 291.

[19] Ibid., pág. 292.

[20] Ibid., pág. 292.

[21] Laclau, Ernesto, Debates y combates. Por un nuevo horizonte de la política, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2008, pág. 20.

[22] Ibid, pág 24.

[23] Laclau, Ernesto, La razón populista, pp. 295-296.

[24] Ibid., pág. 295.

[25] Laclau, Ernesto, Debates y combates. Por un nuevo horizonte de la política, pág. 28.

[26] Laclau, Ernesto, “Estructura, historia y lo político”, pág. 208.

[27] Laclau, Ernesto, “Construyendo la universalidad”, pág. 292-293.

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7 responses to “El lugar de la emancipación: La polémica Laclau – Žižek

  • El cinismo político del “radicalismo chic” « Vacío

    [...] debemos buscar la verdadera lucha, el verdadero orden, etc”. Pero no existe tal cosa. Zizek no tiene un sujeto político emancipador, Laclau ya le hizo ver eso. Todas las luchas para el son softcore y superficiales, pero nunca dice quién o dónde debe estar [...]

  • José Incio

    Bien Erick interesante.., se me ocurren algunas ideas luego te las comento.

    Slds

  • Gramsci y la filosofía « Vacío

    [...] creo que esto se conecta con la última ponencia que di en el Simposio de Estudiantes de Filosofía. Y es que, en la polémica de Laclau [...]

  • Fabrizio Arenas Barchi

    Muy Interesante, Daniel. Lo que subrayas de la crítica de Laclau a Zizek es muy claro y contundente.

    Con Zizek uno siempre tiene la impresión de que su rechazo a aquellas metas parciales, nunca efectiva y plenamente totalizadoras, conduce a una narrativa que nunca se resuelve en nada más que su narcisismo hipertrofiado. De las obras que he leído de Zizek, tengo la impresión de queo terminan haciendo llamamientos para acciones revolucionarios (las cuales están, en realidad, vacías) o son acciones referidas a una actitud puramente negativa, como el puro ejercicio de la crítica al mundo, hecha por los intelectuales de izquierda.

    Es en “El multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional”, donde Zizek termina hablando del papel eminentemente crítico que tiene el intelectual de izquierda hoy, pero no dice nada más. Lo gracioso es que una cuestión muy típica del anarquismo postmoderno es definir que el gran fin político de su praxis es desestabilizar el sistema. En realidad, este fin termina revelándose de naturaleza hedonista; algo así como si el anarquista dijese: “el fin de mi acción crítica y desestabilizadora es que pueda gozar de mi mismo (de mi grandeza excluyente [sic])”.

    Para ese anarquismo, que relaciono con ciertas posiciones de Zizek, la praxis más mundana, pero propositiva, de agentes sociales como las actuales clases medias venidas a menos, los jóvenes desempleados, los obreros, los indígenas, etc., solo tiene valor si puede ser estetizable, .Pero la lucha del grueso de esta gente es por cuestiones nada intelectuales, ni estéticas. Son luchas por obtener empleo, mejores salarios, seguridad social, casa, igualdad de oportunidades, etc.). Lo más gracioso es que ese espíritu “pedestre” del “vulgo no-intelectual anarquista” está lleno de sentido práctico, y de mucho más poder transformador que cualquier performance críptica de artistas que, al fin y al cabo, son su propio público.

  • 3 años en el Vacío « Vacío

    [...] El lugar de la emancipación: La polémica Laclau – Žižek [mp3] [...]

  • Carlos Boyle

    Muy interesante el armado que has hecho. A Laclau le falta lo que Zizek maneja que es el tema de la comunicación, a Zizek le falta el pragmatismo populista de Laclau indispensable de este lado del mundo.
    Otro aspecto a los que ambos se refieren tangencialmente es a la óptica sistémica que no veo una contradicción allí. La relación intersistémica es un antagonismo (poco frecuente) de índole materialista, ergo capitalista. Las luchas intrasistémicas son luchas agonistas, menores, que en general atañan a problemas de distribución, diferencia, comunicación intra sistema. Allí el capitalismo se desdibuja porque no llega a ser un antagonismo, si lo fuera, rompería la unidad del sistema volándolo en pedazos. De hecho las luchas inatra sistema son favorables al mismo, siempre que la sangre no llegue al río. Son las que aportan la síntesis para reformulación del sistema, las que aportan la resiliencia. Si una parcialidad intrasistema se roba la diversidad y se hace altamente eficiente, lo hará en base a quitarle recursos al resto, por lo que ante un posible simbronazo inter sistema todo el conjunto estaría en serios riesgo de desaparecer por su casi incapacidad de reformulación.
    Es en este punto donde el populismo latinoamericano se hace fuerte, vemos como culturas antiquísimas como las que rescata la nueva constitución boliviana, sobreviven a quinientos años de conquista y de régimen capitalista. ¿Acaso ese intento de supervivencia es cínico? o como decía Rodolfo Walsh es un intento de avanzar dentro de la propia estupidez.

  • Ernesto Laclau (1935-2014) y su paso por el Vacío | Vacío

    […] El lugar de la emancipación: La polémica Laclau – Žižek: En esta ponencia presento algunas de las principales discrepancias entre Laclau y Žižek. Suscribo ahí, y sigo suscribiéndolo, que Laclau presenta argumentos más contundentes para pensar la política (esto no hace su posición invencible obviamente, pero sí superior). Estos debates conceptuales sobre la política me parece que se hacen presentes en ciertos niveles con discusiones que he tenido con Daniel Sacilotto y Erik Pozo que enlazo a continuación. […]

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