Esquema de la evolución económica (3): La economía agraria y el latifundismo feudal

V.- Economía agraria y latifundismo feudal

No debemos perder de vista el hecho de que, aunque el país habría desarrollado una economía minera e industrial (aunque de modo incipiente), siga siendo bastante agrícola.

El cultivo de la tierra ocupa a la gran mayoría de la población nacional. El indio, que respresenta las cuatro quintas partes de ésta, es tradicional y habitualmente agricultor (23).

Mariátegui señala que, mientras que lo producido y explotado en la industrial minera es básicamente exportado, todo lo que rinde la economía agrícola es casi todo autoconsumido por la propia nación, cuya producción mayor se da en la sierra peruana. Otro contraste entre ambos tipos de producción es la cantidad de gente que trabaja en ellos. En la industria minera trabaja un número muy reducido de trabajadores, mientras que en la agricultura lo que se tiene es a un gran número de campesinos.

Pero no debemos pensar, utilizando la terminología marxista tradicional, que dichos desarrollos, en lo que a modos de producción y fuerzas productivas se refiere, han generado satisfactoriamente las clases sociales respectivas que necesitan. La razón de esto tiene que ver con el fenómeno del imperialismo y de la consolidación de una interdependencia mundial, bajo la hegemonía de las potencias capitalistas.

La clase terrateniente no ha logrado transformarse en una burguesía capitalista, patrona de la economía nacional. La minería, el comercio, los transportes, se encuentran en manos del capital extranjero. Los latifundistas se han contentado con servir de intermediarios a éste, en la producción de algodón y azúcar. Este sistema económico, ha mantenido en la agricultura, una organización semi-feudal que constituye el más pesado lastre del desarrollo del país (24).

La ausencia de burguesía se expresaría en la ausencia de burgos y ciudades, mientras que la ausencia de aldeas expresarían la subsistencia del feudalismo en el Perú. Sin embargo, hay que hacer distinciones entre Europa y Perú, ya que éste último es para Mariátegui “semi-feudal”:

Dentro de la feudalidad europea los elementos de crecimiento, los factores de vida del burgo, eran, a pesar de la economía rural, mucho mayores que dentro de la semifeudalidad criolla. El campo necesitaba de los servicios del burgo, por clausurado que se mantuviese. Disponía, sobre todo de un remanente de productos de la tierra que tenía que ofrecerle. Mientras tanto, la hacienda costeña produce algodón o caña para mercados lejanos. Asegurado el transporte de estos productos, su comunicación con la vecindad no le interesa, sino secundariamente. El cultivo de frutos alimenticios, cuando no ha sido totalmente extinguido por el cultivo del algodón o la caña, tiene por objeto abastecer al consumo de la hacienda. El burgo, en muchos valles, no recibe nada del campo no posee nada en el campo (25-26).

Las haciendas estarían pues cerradas al mundo exterior circundante de los burgos, en lo que a comercio se refiere. De ahí Mariátegui infiere lo fuerte que es ello para que dentro de la hacienda el peón sea tratado como una cosa y no como un ser humano. Ésta acapara la tierra, las industrias, los transportes, el comercio y los medios de vida de los brugos. Además, el latifundio escapa a todo tipo de regulación estatal. Pero el logro económico o productivo de dichas haciendas no se debe puramente a su propia gestión, sino que tiene una conexión esencial con los préstamos y financiamientos de capitales extranjeros:

El capitalismo extranjero, en su perenne búsqueda de tierras, brazos, y mercados, ha financiado y dirigido el trabajo de los propietarios, prestándoles dinero con la garantía de sus productos y de sus tierras. Ya muchas propiedades cargadas de hipotecas han empezado a pasar a la administración directa de las firmas exportadoras (27).

Como ejemplo pone el caso de La Libertad. Ello me parece interesante, ya que estudiar dicho fenómeno en relación a Haya de la Torre y el Apra es esencial (Cfr. La formación de las haciendas azucareras y los orígenes del Apra de Peter F. Klaren).

La experiencia más vasta y típica de la capacidad de los terratenientes del país, nos la ofrece el departamento de La Libertad. Las grandes haciendas de sus valles se encontraban en manos de su aristocracia latifundista. El balance de largos años de desarrollo capitalista se resume en los hechos notorios: la concentración de la industria azucarera de la región en dos grandes centrales, la de Cartavio y la de Casa Grande, extranjeras ambas; la absorción de las negociaciones nacionales por esta misma empresa, particularmente por la segunda; el acaparamiento del propio comercio de importación por esta misma empresa; la decadencia comercial de la ciudad de Trujillo y la liquidación de la mayor parte de sus firmas importadoras (27).

Lo interesante aquí es cómo Mariátegui amplía su mirada, como lo sugerimos hace algunas entradas, en lo que respecta a la importancia de otros factores no económicos.

Pesan sobre el propietario criollo la herencia y educación españolas, que le impiden percibir y entender netamente todo lo que distingue al capitalismo de la feudalidad. Los elementos morales, políticos, psicológicos del capitalismo no parecen haber encontrado aquí su clima. El capitalista, o mejor el propietario, criollo, tiene el concepto de renta antes que el de la producción. El sentimiento de aventura, el ímpetu de creación, el poder organizador, que caracterizan al capitalista auténtico, son entre nosotros casi desconocidos  (28).

No basta el lugar que uno ocupa en la producción, hay una historia, una cultura y una formación que determina, también, los desarrollos productivos. Obviamente no sé que tan categórico se pueda ser con esta interpretación de Mariátegui, recordemos que en entradas anteriores el peso a lo económico ha sido esencial. Es necesario complementar esto con una aguda nota a pie, donde podríamos ver la distancia de Mariátegui a un marxismo muy ortodoxo, para estar más cerca de un autor como Max Weber:

El capitalismo no es sólo una técnica: es además un espíritu. Este espíritu, que en los países anglo-sajones alcanza su plenitud, entre nosotros es exiguo, incipiente, rudimentario (28, n11, el subrayado es mío).

Siento que esta nota a pie es mucho más compatible con lo que Max Weber desarrolla en La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Antes de pensar en un mero reduccionismo económico, Mariátegui nos habla de un espíritu. Quizá tenga en mente algo análogo o compatible con las ideas y supuestos weberianos que llevan a pensar en una afinidad electiva para el capitalismo y el protestantismo. Esto probablemente se mucho más en el en quinto ensayo: El factor religioso.

About these ads

2 responses to “Esquema de la evolución económica (3): La economía agraria y el latifundismo feudal

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.445 seguidores

%d personas les gusta esto: