La “evolución” del concepto de “Imperialismo” en Haya de la Torre (1)

He estado revisando el primer capítulo del último libro de Nelson Manrique, <<¡Usted fue aprista!>> Bases para una historia crítica del APRA (Lima: PUCP/ CLACSO, 2009). En él se aborda la relación de Haya de la Torre y el antiimperialismo. Lo que me interesa es presentar los cambios discursivos, ideológicos y conceptuales que Manrique presenta, ya que nos permite comprender de una mejor manera, a mi juicio, los cambios en las ideas de uno de los pensadores políticos peruanos más importantes del siglo XX. Me interesa comentar este texto, ya que me gustaría la posibilidad de hacer algo relativo a la historia política peruana y al pensamiento político peruano como posible eje central de la tesis de maestría que debo empezar este año.

Debemos empezar citando el inicio del capítulo, ya que sintetiza muy bien lo importante que es comprender los cambios que la noción de “imperialismo” ha tenido a lo largo de la vida y obra, tanto intelectual, como política, de Haya de la Torre:

Según sus textos fundacionales, la lucha contra el imperialismo define la identidad del Apra como organización política. Por algo el punto número uno de su programa político, publicado en 1926, reza: “Acción contra el imperialismo yanqui”. Los textos iniciales de Haya de la Torre están teñidos de un fuerte antiimperialismo y esta opción es considerada un elemento decisivo de la doctrina aprista (27).

El artículo “‘¿Qué es el Apra?” (1926) declara la naturaleza antiimperialismo del movimiento fundado por Haya de la Torre (no debemos olvidar que es este artículo el que conforma el primer capítulo de una de las obras más importantes de Haya de la Torre: El Apra y el antiimperialismo):

Encabezando el artículo <”¿Qué es el Apra?”>, figura una declaración que fija la naturaleza del naciente movimiento: “La lucha organizada en América Latina contra el imperialismo yanqui, por medio de un frente unido internacional de trabajadores manuales e intelectuales con un programa de acción común, eso es el APRA”. Haya señala que estaban trabajando para organizar el gran frente unido antiimperialista latinoamericano y buscaban incluir a todos aquellos que luchaban “contra el peligro norteamericano en América latina” (28).

Lo más importante es que Haya de la Torre ya aquí consideraba que podría haber algo así como un “lado bueno” del imperialismo que debía aprovechar América Latina, al mismo tiempo que lidiara con lo “malo”, a través de un “Estado antiimperialista”:

Haya consideraba al imperialismo un fenómeno dual, con un lado malo -su expansionismo agresivo- y uno bueno, que era que con él venía la industria, la técnica y el progreso. Basándose en Lenin, sostenía que en Europa y en el  mundo desarrollado el imperialismo era la etapa superior y final del capitalismo, mientras que en los países atrasados era la primera etapa del capitalismo, y por lo tanto, era de carácter progresivo. El problema, pues, era cómo tratar con él, de tal manera de aprovechar sus aspectos positivos y neutralizar los negativos. La alternativa era la unidad de los pueblos indoamericanos y la construcción de un “Estado antiimperialista”, que tratar en condiciones de igualdad con el imperialismo (32).

Lo interesante que señala Manrique es que, a pesar de discrepar con Mariátegui, Haya de la Torre mantiene supuestos filosóficos marxistas. Podemos ver esto en la idea de comprender la lucha de clases sociales como motor, la captura del poder por parte de los trabajadores, socializar los medios de producción y, sobre todo, pensar al Estado como instrumento de dominación de clase.

Las clases medias eran las que debían liderar la lucha de dicho frente multiclasista de lucha contra el imperialismo, ya que serían las clases más afectadas por éste. La idea era tomar el poder para instaurar un “Estado antimperialista” que pudiese desarrollar a América Latina con el capitalismo, pero sin la explotación que el imperialismo ejerce. Obviamente no hay una idea muy clara de qué es lo que sería un “Estado antiimperialista”.

Es en 1930, después de la muerte de José Carlos Mariátegui, que Haya de la Torre cambiará su posición acerca del imperialismo de manera sustantiva. En 1931, Haya de la Torre desembarca en Talara, buscando iniciar su campaña electoral (recordemos que había sido exiliado por Leguía años atrás). Manrique cita el discurso que dio ahí, donde afirma que la nacionalización de la International Petroleum Company. Asimismo, es necesario añadir como testimonio las mejoras sustantivas que los trabajadores de la Northern consideraban que poseían como asalariados, frente su anterior estatuto feudatario. En 1936 se publica El Apra y el antimperialismo, donde ya uno puede ver diferencias sustantivas con el Haya de la década del 20, mucho más “radical”, “revolucionario” o “categórico” en sus propuestas.

Aun en El antimperialismo y el Apra ya hay cambios con relación a los planteamientos que Haya defendía durante los años 20. Haya de la Torre ha meditaizado su discurso: habla de “imperialismo”, genéricamente, y ya no de “imperialismo yanqui”, como lo hacía diez años atrás (34).

En 1933 Haya de la Torre sostenía que la naturaleza del imperialismo había cambiado. Esto lo afirmó en un texto compilado en La defensa continental, de 1941 (no olvidemos que El Apra y el antiimperialismo fue publicado 1936).

Desde 1933, con el advenimiento del Presidente Roosevelt se produce un saludable e insólito cambio de frente en la actitud de Washington hacia nuestros pueblos. La Política del Buen Vecino, enunciaba vagamente en los primeros años de la administración del mandatario demócrata se define y fortalece después. Aparece claro el deseo de establecer un sistema de relaciones más justas entre ambas Américas. La iniciativa del Presidente Hoover para retirar de Nicaragua a los marinos invasores que combatían al heroico Sandino se completa con hechps más concretos al devolver la soberanía política a Santo Domingo y Haití, al abolir la Enmienda Platt que pesaba como una cadena sobre la constitución de Cuba y al asegurar mayores garantías a panamá en 1938(VRHT 1976-1977: vol. 4, 236) (36).

Manrique trata de comprender de manera más profunda dicho cambio, considerando variables estructurales e históricas, no creyendo ingenuamente lo que el “dicurso oficial” norteamericano dice al respecto:

Haya basa su análisis en los cambios producidos en el discurso de la administración demócrata norteamericana y el repliegue de los Estados Unidos en América Latina, pero esta debiera ponerse en el contexto de las dificultades que afrontaba la potencia imperialista en medio de una grave crisis. Estados Unidos, golpeado por la Gran Depresión, primero, y ocupado en otros problemas por su participación en la Segunda Guerra Mundial, después, se vio obligado a replegarse sobre sí mismo y su presencia en América Latina se hizo menos conspicua. El espacio que permitió este repliegue puso en marcha intentos de modernización con cierto grado de autonomía por la vía del populismo y la política de industrialización de sustitución de importaciones en varios países de América Latina -Brasil y Getulio Vargas, Argentina y Perón, México y Lázaro Cárdenas, Chile y Gutiérrez y hasta Bolivia y el MNR-, que en cierto momento de su desarrollo llevaron a enfrentamientos con el imperialismo norteamericano. Pero para Haya los cambios que se experimentaban eran consecuencia del deseo de la administración norteamericana “de  establecer un sistema de relaciones más justas entre ambas Américas” (36, 37).

Para concluir esta primera entrega, podemos ver cómo es que el imperialismo ha ido siendo cada vez menos radical y confrontacional. Podríamos decir, quizá, menos “antagónico”. De ser estrictamente “yanqui”, a ser imperialismo “a secas” y a considerar que EEUU ha cambiado su política en beneficio de América Latina.

***

En todo caso, lo que sería interesante será poder ver en qué medida el vocabulario de Haya de la Torre puede ser considerado, siguiendo lo propuesto por Laclau, como compuesto de “significantes vacíos” que siguen una lógica equivalencial propia del populismo (Cfr. La razón populista).

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