Gadamer: sobre la diversidad de lenguas

Las siguientes notas tienen como fin el hacer de esquema de práctica dirigida para los alumnos del curso de Temas de filosofía contemporánea de Cecilia Monteagudo, del cual soy jefe de práctica. Tiene como fin, pues, el ser una especie de guía esquemática e introductoria a una serie de problemas abiertos (y relacionados), en parte, con la hermenéutica filosófica desarrollada por el filósofo Hans-Georg Gadamer. El texto de base para esta sesión es el artículo “La diversidad de lenguas y la comprensión del mundo”, de 1990, compilado en Arte y verdad de la palabra, Paidós: Barcelona, 1998.

***

Gadamer empieza la conferencia señalando explícitamente que el problema de la diversidad de lenguas (y lagadamer6comprensión del mundo) es un tema político, en un contexto de temor e incertidumbre de los que no possen armas frente al armamento de las potencias. Gadamer señala como algo propiamente humano a la guerra que, en una escala como la de hoy, nos llevaría a la autodestrucción. En el contexto de este problema, nos invita a reflexionar a partir de un conocido pasaje bíblico: el de la torre de Babel.

“‘ hagámonos un nombre, por si nos desperdigamos por toda la faz de la tierra”. Bajó Yahveh a ver la ciudad y la torre que habían edificado los hijos de los hombres, y dijo Yahveh: “He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y éste es el comienzo de su obrea. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible. Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos su lenguae, de modo que cada cual no entienda el de su prójimo”. Y desde aquelo punto los desperdigó Yahveh por toda la faz de la tierra, y dejaron de eficiar la ciudad (Génesis 11, 4-8).

Gadamer no parece pensar que alguna vez llegaremos a tener una sola lengua. Pero como filósofo quiere ahondar en lo que significan esta serie de conceptos fundamentales: “lenguaje”, “mundo”, “unidad”, “multiplicidad”, en relación con el pasaje biblico en cuestión.

Un caso interesante en nuestra época es el de la ciencia de la naturaleza tiene un lenguaje matemático con cierta unidad y universalidad. Una unidad y universalidad análogas a las del relato bíblico, en la medida en que pensamos y concebimos que con la ciencia moderna todo nos será posible.

En el caso de las comunidades lingüísticas, se piensa que la lengua materna es la lengua “correcta” por naturaleza. Y el progresivo desarrollo y complejización de las lenguas, que tiene como consecuencia a la abstracción de éstas, nos lleva al olvido de lo que es propiamente el lenguaje (en el post anterior se enumeran ciertas propiedades al respecto). En la historia de Occidente, en lo que concierne al despertar de la ciencia, son el griego y el latín las lenguas que históricamente asumieron el rol de ser lenguas de la cultura. Es en la modernidad, donde empieza a cambiar esto: en el campo de la filosofía en la Crítica de la razón pura de Kant; pero en la conformación de Estados modernos surge la necesidad de tener lenguas nacionales (vía traducciones de la biblia).

En el siglo XX, Wittgenstein y Heidegger resaltaron la importancia del lenguaje de una manera esencial. En el caso de Wittgenstien, se dio un giro hacia el lenguaje ordinario, mientras que en el Heidegger, se concibio lo lingüístico como lo propio de la existencia (Dasein) humano. A partir de aquí:

  1. El lenguaje es acontecer lingüístico.
  2. La palabra existe como algo que le llega a uno.

El lenguaje pertenece a la praxis (Wittgenstein), al diálogo (hermenéutica). Este segundo punto es esencial para nuestro hilo conductor y eje central. El lenguaje posibilita entendimiento, intercambio de comunicación, discutir (pros y contras). Lo propio del lenguaje es la pregunta y la respuesta: se trata de un diálogo, no de un monólogo. Es un camino a lo común. Ahora debemos pasar a esclarecer qué significa “mundo”.

Gadamer quiere que pensemos la palabra “mundo” (“Welt”) como ligada a lo humano (“Mensch”, via “wer”). Originariamente, el mundo es aquello en medio de lo que el ser humano está. Este mundo no se nos da como un objeto, como un todo, sino que qu existe como horizonte.

“Horizonte” evoca la experiencia viva que todos conocemos. La mirada está dirigida hacia el infinito de la lejanía, y este infinito retrocede ante nosotros con cada esfuerzo, por grande que sea, y con cada paso, por grande que sea, se abren siempre otros nuevos horizontes. El mundo es en este sentido para nosotros un espacio sin límites en medio del cual estamos y buscamos nuestra modesta orientación.

La tarea humana en este mundo es el entendernos. Es un diálogo, no un monólogo. El otro a quien debemos entender es también un límite oara nuestro amor propio y deseo desmesurado de dominación, según Gadamer. Escuchar al otro es escuchar a alguien que también tiene su propio horizonte. La idea es superar nuestros antagonismos, a través del diálogo, sin que es implique uniformizar. Se trata mpas bien de escuchar al otro.

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2 respuestas a “Gadamer: sobre la diversidad de lenguas

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